Al igual que tú, yo también tuve una época en la que estaba todo el día lleno de tareas, apagando fuegos acá y allá, de mal humor y sintiéndome cada vez peor por no tener control sobre mi vida. Por eso te entiendo muy bien y sé por lo que estás pasando.
Tus días transcurren con monotonía uno tras otro, sin cesar y tú en medio, siempre corriendo hacia ninguna parte. Seguro que ya ni te acuerdas de los planes que tenías de disfrutar con tu familia en vacaciones o de la promesa que le hiciste a tu hijo de ir a verle a los partidos de baloncesto. Ni hablar de empezar ese proyecto personal con el que soñabas y que has pospuesto mil veces porque “no tienes tiempo”.
A ver, dime cuántas veces en el último mes te has encontrado diciendo frases como estas:
Si has llegado hasta aquí es porque te sientes identificado con esta situación. Ahora mismo te parece que no hay manera de cambiar esta realidad. Piensas que es parte de lo que te ha tocado vivir, que así es la vida hoy en día, qué se le va a hacer.
¿No será que el problema no es que no tienes tiempo sino que no sabes diferenciar lo importante de lo que no lo es? Tu enemigo no es el tiempo sino la desorganización
Los malos hábitos se pueden eliminar. Decir siempre “no tengo tiempo” te está alejando de tus metas y de todo lo importante en tu vida: familia, pareja, amigos, proyectos personales, un trabajo que disfrutes. El tiempo es un recurso no renovable, no deberías desperdiciarlo en lo que no es prioritario para ti.
Te lo digo desde la experiencia. Mi vida se reducía a trabajar y trabajar sin conseguir nada. Mis jefes y compañeros de trabajo se quejaban de que no terminaba mis tareas a tiempo. Y yo de mal humor desde que me levantaba, porque sabía que me esperaba otro día más de frustraciones, hasta que me iba a dormir, tarde y mal.
Llegaba a casa cansado y sin ganas. Me sentía culpable porque otra vez había pasado el día casi sin hablar con mi familia o porque quería ir a reunirme con mis amigos, pero no había podido llegar a tiempo porque tenía mucho qué hacer.
Trataba de complacerlos a todos: a mis jefes, a mis compañeros de trabajo, a mis amigos, a mi familia. Pero no lo lograba. Siempre apurado, siempre corriendo y siempre tarde.
Hasta que un día colapsé y me dije a mí mismo que ya no quería continuar sintiéndome así. En ese momento decidí poner cartas sobre el asunto.
Me formé como coach en desarrollo personal y diseñé un plan de acción para tomar el control de mi tiempo que me permitió ser más productivo, sentirme más seguro de mí mismo y estar más a gusto con mi vida personal y profesional. Hoy me siento satisfecho y feliz con lo que he logrado.
Y yo te pregunto: ¿Cuánto te está costando ahora mismo tu improductividad? Te aseguro que muchísimo dinero
Te presento algunas personas que decidieron trabajar conmigo, ahora tiene una vida mejor, pueden pasar más tiempo con sus seres queridos y en definitiva tiene una vida más confortable.
No tienes nada que perder y sí mucho que ganar. Solo debes preguntarte qué tienes que hacer para lograrlo y comenzar a actuar. Yo te ofrezco mi ayuda para que comiences hoy mismo a mejorar la calidad de tu vida siendo más productivo y eficiente, siendo el dueño absoluto de tu tiempo y por tanto de tu vida
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